Dos personas se encuentran a la salida de un tugurio de mala muerte. Un bar donde no hay nadie, tan solo ellos dos. Un hombre y una mujer. Dos almas perdidas sin nada que aportar a la sociedad, sin nadie que les quiera, con tanto odio en su interior que harían cualquier cosa para dejarlo todo y pasar al infierno.
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Roberta, madre divorciada de un crío de doce años. Ella tiene 31, vive con sus padres, al padre lo odia y olvida sus problemas bebiendo y fumando, escapando del hogar; Dani, 29 años, soltero, trabaja en algún lugar, vive con su madre, no quiere a nadie, nadie lo quiere a él. Ellos son dos personas solitarias, no buscan nada, pero se encuentran en un camino y algo surge.
Dani y Roberta, de John Patrick Shanley, se encuentra actualmente en cartel en el Teatro Español, hasta el 13 de mayo. Alex García e Itziar Miranda dan vida a estos dos seres atormentados.
La obra se encuentra dividida en dos partes. La primera parte es el encuentro entre Dani y Roberta a la puerta del bar. Ahí se conocen, se cuentan sus penas, sus vidas de mierda “brillan” en la oscuridad de la noche. Violencia, rabia contenida, risas que ocultan dolor, todo se entremezcla y se deja fluir hasta que surge un amor falso, llevado por la pasión del momento… o no.
La segunda parte es en casa de Roberta, de aquí poco se puede contar si no queremos estropear la obra, por tanto no diremos nada.
Joan María Gual, director de la obra, nos lleva al extremo. Nos une a dos personas totalmente opuestas y al mismo tiempo totalmente iguales. La furia, la rabia, el dolor de dos personas con vidas destruidas nos lo fusiona con un posible amor que puede hacer que, aunque sea por un solo día en su vida, esas personas se puedan sentir bien, ser felices.
Todos tenemos miedo a lo que nos pueda suceder, siempre hemos guardado temores en nuestro interior y cuando dos personajes demuestran que todo su ser es miedo al ser queridos, miedo al querer a otra persona… el dolor se interioriza y surge la violencia.
Dani y Roberta es un drama que no te dejará indiferente, puede que en algún momento te haga sonreír, que en otros momentos te haga sufrir y al final sabrás que no debes esperar a que las cosas pasen sino que tendrás tú que hacer que esas cosas ocurran.

